Relatos Ganadores 2022

5º y 6º de Primaria

Primer premio:
– Mi vecina Antonia –
Gerard Aldasoro Martinez
CEIP Félix Rodríguez de la Fuente – Manises

Finalistas
– La historia de Lucy Mcalister –
Amalia de Castro Chapa
Colegio Vilavella – Valencia

– La pandemia con la abuela –
Mario Nogueras Genovés
CEIP Félix Rodríguez de la Fuente – Manises

1º y 2º de ESO

Primer premio:
– El apagón que nos iluminó –
Carla Moreno Flor
Inmaculado Corazón de María – Valencia

Finalistas
– Un diario especial –
Empar Xinqi Albert Peris
IES Albal

– Un regalo para ellos –
Patricia-Sara Ghiurca
IES Albal

3º y 4º de ESO

Primer premio:
– Desierto –

Mención especial
– Esperanza-
Fátima El Ghazal Fehmi
IES Albal

Relatos Ganadores 2022

5º y 6º de Primaria

– Mi vecina Antonia –

Gerard Aldasoro Martinez
CEIP Félix Rodríguez de la Fuente

Martín y sus amigos jugaban a colbol en el parque de su barrio como todas las  tardes. Lo que no sabían es que aquella tarde algo inesperado iba a suceder. 

A mitad de la partida, Carlos, golpeó con todas sus fuerzas el balón, y este,  desafortunadamente, cayó en el jardín de la casa misteriosa. Aquella casa pertenecía a  una señora anciana a la que todos los niños temían por su aspecto. Muchos pensaban  que se trataba de una bruja porque tenía gatos negros y de su chimenea siempre salía humo. 

Ninguno de los niños se atrevía a entrar a la casa para recuperarla, pero ya era la cuarta pelota que perdían y no tenían más para seguir jugando, entonces Martín dijo: 

– No podemos seguir así, esta vez voy a ir a por ella. 

Martín muy decidido, saltó la valla y entró al jardín. Justo en ese instante la  puerta de la casa se abrió haciendo un extraño ruido. Al escucharlo todos sus amigos  salieron corriendo asustados, pero él se quedó paralizado por el miedo. Entonces  apareció la señora mayor con una escoba en la mano y dijo: 

– ¿Qué estás haciendo en mi jardín? 

– Perdóneme, es que se nos ha caído la pelota – dijo Martín sin casi poder hablar. 

– Deberías haber llamado a la puerta y te habría abierto. Toma, aquí tengo alguna más que nadie ha venido nunca a recoger. 

Entonces la señora le dio otras tres pelotas que tenía en una bolsa. Martín no sabía cómo reaccionar, ya que siempre había pensado que en aquella casa pasaban cosas  extrañas, entonces decidió preguntarle. 

Tras una larga conversación, se enteró de que aquella señora se llamaba Antonia, tenía 82 años, era viuda y sólo había tenido un hijo, pero murió en un accidente de  tráfico, y no tenía nietos, por lo que vivía sola. 

Él le contó lo que pensaban todos los niños del barrio, y entonces Antonia  comenzó a reírse a carcajadas. Estuvieron toda la tarde hablando y se lo pasaron genial,  Martín le dijo que no había conocido a sus abuelos, ya que habían muerto antes de que él naciera, y su padre se marchó cuando tenía 3 años. Entonces cuando ya estaba  anocheciendo le dijo que quería volver otro día y a Antonia le pareció una idea  fenomenal. 

A la mañana siguiente, en el colegio, Martín les contó a sus amigos lo que había  pasado, y todos decidieron que querían ir a visitarla. 

Esa misma tarde, a la salida de la escuela, todo el grupo fue a ver a Antonia, y  ella se puso muy contenta, ya que a penas recibía visitas. Les contó que conocía a más  personas mayores que estaban en su misma situación y se sentían solas, así que les  preguntó a los niños si les apetecería ir también a visitarlas y hacerles algo de compañía.  

Todos pensaron que era una idea genial, y decidieron crear la ANAA  (Asociación de Niños que Ayudan a Ancianos), y desde ese momento, muchas de las  personas mayores del barrio dejaron de sentirse solas y sus vidas se llenaron de alegría. 

1º y 2º de ESO

– El apagón que nos iluminó –

Carla Moreno Flor
Inmaculado Corazón de María

-Pum! Bueno, pues aquí tenéis, y de nada. Era una caja, había una bombona de butano, unas cerillas, unas velas, linternas, un mocho, una escoba, una pastilla de jabón, un cepillo, unas semillas, una planta… y creo que no me dejo nada. Sí, era Consuelo, la vecina rara de la puerta 10. Pero, ¿por qué nos dejó todo eso? 

Bien, seguramente estéis perdidos en esta historia, así que os voy a poner en situación. 

Sábado, 1 de octubre. Aquella mañana el edificio amaneció sin energía, literalmente. Parece ser que esa mañana la oscuridad abrazaba la ciudad, una tormenta eléctrica había provocado un terrible apagón. 

Todos los vecinos del edificio Soemi estaban mosqueados e inquietos, andando y correteando por las zonas comunes, buscando la manera de salir del edificio, ya que sin electricidad resultaba imposible. No sabían qué hacer, aquella mole de viviendas tan moderna no estaba preparada para un apagón, todas las cocinas eran eléctricas, además de los telefonillos, los hornos, ascensores, puertas de acceso e incluso las persianas. No le faltaba detalle. Y no es por exagerar, pero no tenían ni mocho ¿para qué, si ya existían esos robots que barren y friegan a la vez? 

Todos los vecinos estaban reunidos, exceptuando la de la puerta 10. Ella es una señora y vecina muy rara. Apenas saluda cuando te la cruzas y nunca acude a las reuniones, de hecho, algunos la toman por loca. A mí siempre me pareció una señora algo curiosa con un toque extravagante, siempre me seguía con la mirada cuando nos cruzábamos. Pero esa mañana no fue así; esa mañana todo cambió. Como ya he dicho, todos los vecinos estaban en el patio hablando sobre lo que podían hacer para solucionar este problema, que parecía que los había bloqueado. Cuando un ruido sonó y una voz débil lo acompañó. 

Y sí, ahora estamos en el momento del principio. Todos miramos asombrados una caja llena de cachivaches nostálgicos enfrente de nuestras caras. Sinceramente yo veía la caja y no me decía nada. Era la primera vez que observaba durante tanto rato a esa mujer y, sorprendentemente, su cara me resultaba familiar. Nunca salía, siempre susurraba al hablar, de hecho poca gente había escuchado su voz. Y lo que no entendía era qué pretendía. 

-Como ya sabréis, soy Consuelo, vuestra vecina del 3º y os he reunido aquí para contaros la verdad. Esta noche dejaré el edificio y volveré a mi época, el próximo siglo, que es a dónde yo pertenezco. Me enviaron aquí para entender qué había llevado a la humanidad a vivir deshumanizados. Realmente vivo en el siglo XXII y este tiempo que llevo aquí, que ya son 10 años, me ha servido para darme cuenta de que nosotros los ancianos, no formamos parte de vuestra sociedad y estamos apartados. Por eso el gran apagón del XXI, así es como lo llamamos allí ,ya que es un hecho histórico, ha marcado un antes y un después en la forma de vivir. Por primera vez los ancianos en el futuro tienen un papel importante y os daréis cuenta aquí, en este apagón que durará unos 3 meses que os dejará ver todo claro. 

He venido aquí y os he dejado todo esto en la caja para que recordéis de dónde venís, de los ancianos, y así también poder aconsejaros. Vendrán tiempos duros por eso os digo que procuréis rodearos de personas con experiencia y sabiduría. Espero que después de este apagón podáis valorar a las personas mayores y así hacer del futuro un mundo mejor -dijo Consuelo mientras se acercaba a mí, justo después de terminar su discurso y me susurró:

-Adiós, Laila Suárez Gómez- y me dio un broche. Al acabar de hablar conmigo se marchó. 

No sé cómo se sabe mi nombre completo, y lo más sorprendente es que ese mismo broche lo llevo yo ahora mismo, aunque mucho más nuevo y limpio, solo lo han llevado antepasados míos y claro, supongo que también lo llevarán descendientes…

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